Destacado

ZOOM OUT

Por: Ave Canela

Cuento escrito en el marco de los cursos de RED RELATA del Ministerio de Cultura 2020 – con Betuel Bonilla

Julieta tenía doce años cuando su papá comenzó a hablarle de esoterismo, en contraste con su madre que siempre le inculcó el catolicismo. Pero a ella le parecían aburridos los rosarios y las oraciones, en cambio, su padre hacía todo más divertido. Él le mostraba cuarzos, péndulos, le contaba historias de extraterrestres, le daba charlas sobre numerología, astrología, tarot y otras doctrinas que buscan comprobar lo incierto de la existencia y el sentido de la vida.

Cada noche, cuando ella terminaba de cenar y su padre llegaba de trabajar, bajaban al primer piso de la casa, al lugar que llamaban el “rincón oscuro” donde había mesas repletas de cajas de cartón, libros, velas, inciensos y cuanto cachivache se les ocurra. Era un cuarto sombrío, lleno de polvo, al que se le pasaba una escoba máxima dos veces al año. Cada noche era una exploración diferente. Su papá se esforzaba por usar un discurso atractivo para cada tema, discursos que a veces se extendían más de lo necesario:

−¡Mira Julieta!−así introducía su papá los encuentro, vigoroso, con voz grave y potente−El hombre ha temido siempre a lo desconocido. Aceptamos como verdadero lo que percibimos apenas con nuestros sentidos, lo que podemos ver, lo tangible, eso que podemos tocar es lo que consideramos real. Una de las grandes dudas de la humanidad ha sido, por ejemplo, descubrir qué pasa después de la muerte ¿a dónde vamos? ¿qué hay más allá de esta vida? Una duda que nadie ha resuelto aún. Sin embargo, con este péndulo, que parece una piedra común pero no lo es, podrás empezar a resolver algunas de esas dudas. Es un cristal de cuarzo transparente muy poderoso. Sirve para ubicar objetos y encontrar verdades, puedes preguntarle lo que quieras. Debes amarrarlo a un hilo y dejarlo colgar de tu dedo índice, así lo cargarás con tu energía. Éste hará dos movimientos, hacia delante y atrás o hacia la derecha e izquierda. Uno significará un “sí” y el otro será un “no”. Pero recuerda, siempre debes estar en completo silencio y concentrarte. Conectarte con la energía divina.

Julieta divagaba entre las imágenes que dibujaba en su mente, con cada palabra que pronunciaba su padre, intentaba conectar unas palabras con otras, creando pequeños universos, pero cuando estaba terminando de crear uno, comenzaba otra nueva idea, por lo que de cada tema lograba retener el diez por ciento de la información. Y así se pasaban noches enteras, él motivado en los discursos y ella interrumpiéndolo de vez en cuando solo con tímidas preguntas, tratando de mantener sus párpados atentos.  

Aunque fueron varios años en los que su padre intentó entrenarla en estos temas, ella siempre dudó de las técnicas que él le enseñaba. Mientras crecía, se le despertó la curiosidad por encontrar su propia verdad. Buscó corroborar la información recibida, en enciclopedias y documentales, y fue descubriendo que, efectivamente, algunas teorías coincidían con los cuentos de su padre. Se interesó cada vez más en su exploración y buscó compartir este conocimiento, pensaba que debía estar al alcance de todos.

Emocionada, ya estando en secundaria, una mañana reunió a sus compañeras de clase durante la hora del recreo. Les mostró orgullosa la bolsita de lana que le había regalado su padre donde guardaba cristales, barajas de tarot y demás instrumentos esotéricos. Les habló del poder que tenían cada uno de ellos, pero sus amigas salieron corriendo y la llamaron esquizofrénica y loca. Fue centro de burla en el salón, los rumores comenzaron a expandirse por los pasillos del colegio. Terminaron apodando a su padre como el brujo perverso del pueblo.

Ese día Julieta guardó todos los instrumentos en un baúl, lo ocultó en el “rincón oscuro”, de manera que nadie pudiera encontrarlo. Subió a su cuarto, se lanzó boca abajo sobre la cama, apretó su cabeza en la almohada para gritar y la inundó en llanto. Luego de unos minutos, salió a buscar a su padre y se lo cruzó en el pasillo.

−Mis amigas piensan que soy una tonta−reclamó la niña−Todas me dicen que lo que me enseñas es mentira, que no existe nada de eso, que son inventos tuyos que sacas de tus libros de brujería y esas cosas malas. Creí tus cuentos y me hiciste quedar en ridículo.

−¿Crees que yo te enseñaría algo que fuera “malo”? −cuestionó, su padre

Su hija lanzó la puerta sin responder y se encerró en la habitación. No quiso volver a saber nada de esos temas por años. Victoria dejó de creer en el esoterismo. Dedicó su atención hacia las cosas que solían hacer las chicas de su edad: vanidad, moda, maquillaje, entre otras.

Siete años después de esa incómoda experiencia Julieta se había mudado a otra ciudad y ya había cursado algunos semestres de cine en la universidad.

Una noche, luego de estar en una fiesta y bailar hasta que le dolieran los pies, Julieta fue a dormir a casa de su amiga Sofia, como era costumbre. Hablaron poco porque el cansancio las vencía, se durmieron, Sofía en su cama y Julieta en el colchón.

Cuando Julieta abrió los ojos todo seguía oscuro, el ventilador prendido hacía ondular la cortina de lunares y su amiga aún dormía. Julieta intentaba cerrar los ojos, no lograba descansar, observaba todo a su alrededor, tenía una pesadez extraña, estaba medio sonámbula. Sintió el impulso de sentarse y duró así unos segundos. Luego tuvo el impulso de levantarse, no sabía por qué, se movía como si una fuerza la empujara.

Deseó sacudir la cabeza o pellizcarse para despertar de la pesadilla y nada pasaba, seguía igual, no sentía su cuerpo. Buscó volver a la cama y no lo logró. Julieta comenzó a sospechar que estaba bajo el efecto de alguna droga alucinógena que probablemente le habían dado en el bar. Se fue alterando al pasar los minutos por no tener control de sus movimientos. Y mientras procuraba tener la mente clara y entender lo que pasaba, pensó en despertar a su amiga, volteó a mirarla y ahora ésta se veía más lejos, como cuando una cámara de cine se mueve alejando el foco de la imagen lentamente, haciendo que cada vez se vea más pequeño, logrando lo que se conoce como zoom out.  

Al ver esto, Julieta entró en pánico, enfocó su mirada y se percató de que las cosas realmente no eran como las había visto al principio, algo había cambiado en el lugar. Es decir, la cortina de lunares morados ya no era morada, ahora era gris. La cama también era gris. Todo estaba cubierto por un filtro de fotografía a blanco y negro. La imagen de la habitación de Sofia estaba distorsionada. Era otra realidad. Pensó que había llegado su momento de partir, de abandonar este mundo y morir, pero no iba a aceptarlo. Se acercó a la cortina para aferrarse a ella y no seguir elevándose al infinito, pero su cuerpo no la acompañaba, no veía su mano, era invisible. Y con una mano invisible no había de dónde agarrarse.  

Ante la falta de posibilidades, Julieta se dijo a sí misma: “claro, tomé mucho licor, estaba muy cansada, me dio un infarto y me morí. Ahora estoy subiendo al cielo, eso es, subo al cielo, por eso me estoy elevando. ¡Me morí! ¡Me morí!”.

Nadie la podía consolar, aunque ella no perdía la esperanza de que Sofía la ayudara.

−¡Sofía por favor ayúdame! −gritaba, al menos eso era lo que ella creía que hacía−¡Sofía abre los ojos! ¡Levántate!¡Ayúdame! Me estoy muriendo y no quiero morirme ¡Sofíaaaaaa!

Pero su amiga ni se mosqueaba. Era imposible que la escuchara, Julieta se entregó a su destino, mientras su parloteo interno no paraba.

−¡Estoy subiendo!−exclamó resignada−no paro de subir y de elevarme. Qué voy a hacer cuando llegue al techo de esta habitación y luego me salga y vea el techo de la casa, y luego vea el barrio y la ciudad, luego el país, el continente y así sucesivamente ¿Qué voy a hacer? ¿A dónde voy a ir?… ¿Será que estoy soñando? Pero, si estuviera soñando por qué estoy hablando y pensando tan coherentemente de todo lo que está pasando ¡En fin! ¿qué voy a hacer?

Cuando por fin llegó a la esquina más alta de la habitación la verdad se reveló ante sus ojos. El foco de su mirada paso de estar en la cama de Sofía y se volcó al colchón. Desde arriba Julieta vio su cuerpo revolcarse y moverse de lado a lado. Entonces entendió que no estaba muerta que algo más estaba pasando, pero no sabía que era. Había entrado en un lugar desconocido, un lugar extraño que no había visto nunca, pero del que quizá su papá le había hablado. Apreciaba sombras que pasaban, escuchaba sonidos perturbadores. En ese momento el terror la invadía, no recordó alguna señal o conjuro de los que su papá le hubiera hablado que la hicieran volver a su cuerpo. Y, aunque nunca creyó en las ideas absurdas de su mamá, por primera vez recurrió a ellas, la primera que se le vino a la cabeza fue rezar un Padre Nuestro.

Cerró los ojos y suplicó con fervor tres padres nuestros seguidos, pidiendo volver a su estado natural. Lo siguiente que vio fue su mano entrando en su mano, su cuerpo entrando en su cuerpo. Finalmente había vuelto, bajó al colchón como atraída por un imán mágico.

Cuando Julieta abrió los ojos, todo era más claro, ya había salido el sol, Sofía no estaba en la habitación. Cogió su celular, llamó a su padre y le dijo:

−¡Me desdoblé!−dijo con júbilo Julieta−¡Tenías razón papá!, si hay algo más allá, me desdoblé y entré al plano astral. Si existe, es real. Prometo ir a casa y volver al rincón oscuro, quiero usar todas las cosas que guardé en el baúl, aún quiero que me enseñes tus técnicas y cuando me gradúe de la universidad, haré una película con ellas.

La joven recordó que su padre le había hablado de los mundos paralelos, los viajes astrales y todas las dimensiones que existen más allá de la muerte, que descubrimos cuando dejamos este mundo. Aquella noche no era la última noche de Julieta, pero fue la mejor prueba para corroborar que su padre ya no sería, al menos para ella, el brujo perverso del pueblo.

Destacado

Escritos Aleatorios

La famosa independencia

La independencia no es solo económica, también es mental.

Dejen de estigmatizar el recibir ayuda de los papás, ya sea para comer, para subsistir, para movilizarse…para lo que sea ¡No está mal! Nos hemos condenado a pensar que eso está mal porque la sociedad dice que no es lo correcto si ya se tiene 25, 30, 35 años o más.

Dejen de sentirse mal por admitir que sus papás los ayudan, eso no los hace menos. Las condiciones antes eran distintas. El mundo y el mercado laboral ofrece cada vez menos posibilidades de ser independientes. No se avergüencen de admitirlo, así sea frente a tus familiares, que quieren presionar para hacerles sentir mal, porque quizá ellos mismos se dejaron llenar de esas frustraciones y presiones impuestas a lo largo de sus vidas.

Pero si sinceramente, usted puede y es 100% autosuficiente y de verdad, no recibe ningún tipo de ayuda de nadie, ni siquiera de su pareja, siéntese orgulloso y especial, porque está siendo de los pocos privilegiados.

La gente que me gusta es…

Me gusta la gente exótica, la gente distinta; no común, pero con la habilidad de pensar con simpleza y sencillez; me gusta la gente auténtica y deliciosa; la gente capaz de disfrutar lo que llega y dejar atrás lo que se va; me gusta aprender de personas fuertes y vivir con intensidad; me gusta la gente sin prejuicios y con libertad de escoger; la gente capaz de ver lo extraordinario de la vida, de arriesgarse y ver la vida más allá de lo cotidiano y superficial. Me gusta la gente rica, sabrosa, misteriosa y descifrable a la vez. Esta es la gente que escojo para mí, para el camino que he de andar.

A mis padres

Mis padres, quizá sin pensarlo, hicieron de mí una mujer libre ; mis padres, aunque ellos no lo crean, me hicieron una mujer independiente; mis padres, así no lo quisieran, me hicieron una mujer pensante y fuerte; mis padres, aunque no lo sepan, lograron soltarme de muchas ataduras sociales; ahora, por si ellos no lo esperan, soy una mujer firme, que lucha por su palabra y sus convicciones; mis padres, tal vez sin intención, lograron crear en mí un criterio que va más allá de las expectativas sociales y culturales, un criterio que va en busca de mis propias expectativas intelectuales y emocionales ; ellos lograron enseñarme a ver el mundo más allá de lo banal y lo superficial, más allá de lo material; y bueno, si quizá no lo esperan, solo cumpliré mis propios ideales, creo que no soy una mujer común, simple o conformista, soy todo lo contrario, soy confusa, compleja e imparable. ¡Así me hicieron queridos padres! Y gracias por haberlo hecho y por seguir a mi lado construyendo mi camino, nuestro camino, solo y únicamente nuestro! 

Creo

Creo en la verdad y creo en la vida. Creo que podemos vivir unos con otros en términos de transparencia y plenitud. Creo que podemos decirnos la verdad sin herirnos; que podemos decir lo que sentimos sin temor, sin adornos, sin tapujos; que podemos no jugar con los demás, no jugar con nadie. 

Creo que podemos ser sensatos y libres a la vez, sin engaños, sin mentiras innecesarias, sin verdades débiles como escudos pasajeros que nos permitan experimentar, solo eso, experimentar. 

Creo que podemos conocernos, escucharnos, intentar ver qué hay más allá de la carne ¿por qué no? de tu cuerpo, del tacto. Creo que quizá, si, podemos ser sutiles nuevamente, volver a conocerte, volver a explorarte, a vivirte, a sentirte; sentirte y desearte, sin apoderarme de ti, sin apoderarme de tu fuego, sin vivirte solo el instante. 

Creo que todo es posible, no creo en las excusas, en los “pero”, así es, los usamos cuando queremos huir cobardemente, ¿para qué mentir? 

Creo en la verdad, en la vida, en el teatro. Hay que sentir para vivir y no vivir sin razonar, sin cuidado, sin delicadeza, sin detalle. Cada detalle de su cuerpo, de su mente, de su vida, cada momento existe, no es precipitado, hay detalles, hay vida, hay teatro. 

Creo mi vida en el teatro, el teatro como vida, la vida como gran teatro. Puedo creer y puedo vivir, puedo hacer teatro…mi vida en el teatro. 

Feliz nuevo ciclo de vibraciones y energías fluyendo con la divinidad.

Destacado

Frases del día

Desde 2013

  • Tengo un apellido grave y otro agudo…pienso mientras escribo.
  • Hay eco en el vacío.
  • No te cruces de brazos, pero ten la seguridad que lo que ha de ser será ¡Es un tesoro saberlo!
  • No creas en una sola persona, en una sola idea. Ten varios referentes en los cuales creer pero ante todo cree en ti.
  • Tanto le entregues al teatro así será cuanto recibirás de él.
  • La maravilla del teatro es el mundo de las posibilidades, no existe un molde, una única forma de hacerlo, ¡todo es posible!
  • Si no somos capaces de romper las reglas en la vida…¿por qué no romperlas en el teatro? 
  • Hay también amores cobardes que nunca se consumen.
  • A mayor conocimiento, mayor entendimiento, ávida del saber.
  • Fanática del ingenio y alérgica a la ineptitud.
  • Ya tengo ganas de soñar en el sueño…
  • ¡No al whisky, sí al tinto; no a las discotecas, sí a los cafés; no a las flojas historias, sí al cine!
  • Te necesito ahora no después; te necesito hoy, no mañana; cuando menos esperas, te necesito mi amigo.
  • ¡Hombres de carácter, firmeza y criterio!…es lo que necesita el planeta.
  • Por algún…algún lado reluce la edad del hombre.
  • ¿Para qué economizar las palabras si son nuestro tesoro en abundancia? pero elegir a quien dárselas, para no desperdiciarlas.
  • Los mejores pensamientos se demoran fabricándose.
  • Buen momento aquél en el que te conocí y ahora en el que te disfruto.
  • Que no haya amor, pero que haya verdad. Que no haya palabras, ni abrazos, pero que haya verdad. Que por encima de todo siempre haya verdad.
  • La noche trae consigo grandes incertidumbres.

¿Podemos las mujeres invitar a salir a un hombre?

Diciembre / 2015

El tema de esta nota surgió a raíz de ciertas preferencias e inquietudes personales sobre las que me parece necesario indagar, para que las mujeres seamos más arriesgadas y dominemos nuestro poder de decisión. Me gusta imaginarme un mundo en el que la igualdad (por la que tanto luchamos) también se defina a partir de cada pequeña decisión y cada iniciativa que tomamos en nuestra vida.

Si hablamos de esa igualdad que imagino, supondría que tanto hombres como mujeres, en el tema de la conquista, el cortejo o como quieran llamarlo, podrían actuar y comportarse libremente y tomar las iniciativas que deseen. Sin embargo, no es así como funciona todavía, sinceramente. Aún escucho a muchos amigos y hombres alarmados cuando una mujer decide invitarlos a salir y llevar las riendas de una primera cita, por ejemplo. Es verdad, se alarman, en nuestra sociedad no estamos acostumbrados a ese tipo de iniciativas femeninas, al menos, en la mayoría de los casos, aún son los hombres los que tienen el “permiso” para invitar a salir e iniciar la labor de conquistar a la mujer que deseen.

Las mujeres aún no tenemos un terreno de juego asegurado sobre el tema de conquista, pues debemos esperar con modestia a que el hombre tome la iniciativa de llamarnos o escribirnos por Whatsapp. Si, son ellos los que deben iniciar la tarea, porque nosotras tememos a sentirnos juzgadas o rechazadas al hacerlo, me ha pasado. Entonces, al parecer lo adecuado es esperar, controlar nuestros impulsos, o en el peor de los casos, frenar nuestros deseos, para no vernos como mujeres precipitadas (que es lo tememos que la sociedad señale), ni intimidar a los hombres.

Realmente me parece muy aburrido que aún en estos tiempos, no nos permitamos a nosotras mismas fluir en la conquista de un hombre. ¿Por qué no podemos iniciar la conversación? ¿Por qué no podemos invitarlos a salir? ¿Por qué no podemos pagar la cuenta del cine? Esto no nos hace más débiles ni más fuertes, simplemente, nos permite fluir con la vida, con el universo y con nuestros propios instintos e impulsos.

Para aquellas mujeres que les interese este camino o, como en mi caso y el de varias amigas mías, sientan en su interior ese instinto de caza tan excitante y emocionante, pues nada mejor que desarrollarlo, incrementarlo y estimularlo. Arriesgarse, simplemente eso, no dejar de ser lo que somos, permitirnos jugar y divertirnos sin miedo, lo merecemos. Si un hombre huye o se siente intimidado por una mujer que lo invita a salir, que toma las riendas y es directa con sus intereses, quizá es un hombre anticuado que no promete ni arriesga mucho, entonces es un hombre poco atractivo.

Es que también este es un juego de atracción. Que nosotras logremos atraer a aquellos hombres con los que podamos ser simplemente libres, expresarnos sin miedo, actuar y hacer las cosas como más nos gusta, sin dejar de lado, claramente, el equilibrio que debe existir en cualquier relación humana en la que haya más de una persona involucrada. Es decir, que vayamos en busca de nuestros intereses, pero también le permitamos al otro lograr los suyos. Conquistar, cortejar con cautela, con seducción, paulatinamente, pues esto lo hace más misterioso y sexy.

¿Quién ha dicho que las mujeres no podemos invitar a salir a un hombre, iniciar la conquista y pagar la cuenta? Nadie lo ha dicho, no es una ley ni una norma. ¡Claro que podemos hacerlo! ¡Tenemos toda la libertad de hacerlo y de probarlo una y otra vez! Al igual que ellos, todos por igual.

Si esto genera o ha generado alguna vez conflicto o incomodidad en las relaciones humanas es porque es una idea social que nosotros mismos hemos creado. Entonces, es el momento para erradicarla y no verlo como una conducta equivocada, pues no hace daño ni hiere a nadie.

Es esta nota también una invitación a crear abiertamente una discusión sobre el tema y para que cada uno de nosotros (hombres y mujeres) replanteemos nuestra manera de pensar, opinar y juzgar a una mujer que elije actuar así, tomando riesgos, pues si queremos sentirnos libres, hay que permitirle a los demás serlo también.

Respecto a las mujeres que invitan a salir algunos entrevistados opinan:

Si la conozco hace poco días, pensaré que, de pronto, quiere empezar a salir conmigo, conocerme. Y cuando uno lleva rato conociendo a esa persona, y me invita, pienso en que querrá desahogarse de algo, hablar con alguien o simplemente un encuentro para desatrasar cuaderno…me parece bacano que ella tome la iniciativa, que haga ese tipo de cosas”, (Wilmer, 29 años).

“Que me inviten es común, que paguen no. Pero si me he cruzado mucho con mujeres que pagan lo suyo, mas no todo, creo que eso habla muy bien de una chica…Me situó en el caso de que es una persona agradable, creo que es empoderamiento de esa chica, si paga la cuenta creo que es una persona que tiene algún interés muy profundo, algo más allá de una simple cita. Sería de asombro e interesante saber hasta dónde puede llegar, porque es un precedente de que no está buscándote por algún interés material, solo quiere la compañía, te demuestra que es independiente y autónoma y que de la misma manera como te invito a salir te puede mandar a la m****a”, (Andrew, 27 años)

“Es raro verlo, pero pienso que quiere pasar un buen rato, sea cual sea el plan; divertirse y relajarse…Creo que es una mujer que tiene una mente abierta y libre de tabús, podría decirse, porque no está esperando que un hombre la invite a algo, ella toma la iniciativa; diría que es una mujer decidida, libre y segura”. Y respecto a que la chica pague la salida opina: “Prefiero dividir la cuenta en mitades, pero si la chica insiste no hay lío, pero la próxima invito yo J. Siempre procuro pagar, porque me da pena que alguien se gaste dinero en mí. Y siempre me gusta tener el detalle de pagar y atender, ‘déjese atender’, como dirían las tías”, (Andrés, 26 años).

Bueno, después de todo, las conclusiones se las dejo a ustedes (los lectores), pues aquí no se puede concluir ya que, sin duda, nos encontramos con ideas y opiniones diversas. Y creo que puedo dejar totalmente abierta la pregunta con la que inicié este post, para que ustedes mismos la respondan. Y a las chicas, sobre todo, ahora les pregunto: ¿Se arriesgan a invitar a salir a un hombre? 

La educación que nos limita debe terminar

Marzo/2013

Nos acostumbramos a recibir y aceptar todo lo que nos dan, literalmente todo, hasta la educación. Se olvidaron de enseñarnos a tener criterio, a refutar y exigir cuando no estamos de acuerdo con lo que nos quieren infundir en los colegios. Colombia es un país en el que el sistema educativo está estructurado de tal forma que aprendamos a callar, a tragarnos las palabras, el dolor, la inconformidad y hasta la opinión.

Al hablar sobre estos temas recuerdo al fallecido abogado, periodista y humorista Jaime Garzón, quien fue uno de los principales voceros en la lucha por crear conciencia crítica entre los jóvenes frente a la situación social y política del país. Reconocido como uno de los intelectuales polémicos de la época.

Pero como nos han enseñado a callar y hemos sido ‘muy inteligentes’, tanto así, que callamos también a quienes con su ingenio y sabiduría hubieran podido ser piezas claves en muchos procesos de cambio. En consecuencia de esto, Garzón fue injustamente asesinado a sus 38 años el 13 de agosto de 1999 a manos de unos sicarios en una calle de Bogotá sin embargo, en su corta carrera su influencia fue muy fuerte en varios ámbitos de nuestra sociedad, entre ellos el de la educación, poniendo al descubierto conflictos e intereses políticos y dejando en nosotros el deseo y la necesidad de preguntarnos y exigir.

Respecto a la educación, decía Garzón: “Lo que nos enseñan a los colombianos no tiene nada que ver con las necesidades que tenemos los colombianos”; “en Colombia hay mucho talento, pero la educación nos ha llevado a que el talento sea desperdiciado. Se tuerce”; “uno es para siempre responsable de lo que domestica. Pero más aún es el propio responsable de dejarse domesticar”.

Somos nosotros mismos responsables de lo que vivimos y tenemos. Garzón nos invita a preguntarnos ¿qué estamos haciendo para cambiar esta historia? A mi parecer, hay tiempo todavía para empezar a cambiarla y se están creando nuevas posibilidades que contribuyen a transformar algunos de estos procesos. Hoy a muchos nos pesa esta realidad, pues a causa de la educación que recibimos en nuestros colegios, hemos invertido tiempo en actividades y asuntos que no nos satisfacen totalmente.

Por esto, creo que para crecer sintiéndonos personas productivas para el país es preciso que nos enfoquemos en descubrir cuáles son nuestras mayores habilidades y trabajar por potencializarlas. Y los colegios son, según el esquema convencional, el espacio en el que crecemos y pasamos la mayor parte de nuestra niñez y adolescencia; ambas etapas fundamentales en la formación de todo ser humano.

Sin embargo, siendo niños nos dicen que hacer lo que ordenan nuestros padres, familiares y profesores es lo ‘correcto’ y puede que en muchos aspectos lo sea pero, ¿hasta qué punto lo ‘correcto’ es lo que nos permite realizarnos plenamente como personas? ¿Hasta dónde nos alcanza lo ‘correcto’ para llegar a hacer lo que queremos? ¿Cómo hacer lo ‘correcto’ y que además eso nos brinde goce y placer? ¿Qué es lo ‘correcto’?

Quiero contarles una anécdota de un primo de una amiga cercana que ilustra claramente lo que quiero decir. El chico estudiaba en un colegio católico (sin intención de hablar de religión) y en una de sus asignaturas estaban hablando sobre el aborto. Luego de varias sesiones los maestros decidieron evaluarlos, les preguntaban si estaban o no de acuerdo con el aborto y el entusiasta chico dijo “sí” y por esta respuesta perdió la evaluación. ¿Existe alguna forma más desatinada de inhibir el pensamiento y las ideas de las personas? Según esta historia puedo asumir que en Colombia nos educan a pensar igual. Por esto, en  la mayoría de los colegios nos uniforman, nos dictan las materias básicas a todos, nos dan normas de conducta y disciplina. En definitiva, ser distinto parece un delito. Han creado en nosotros la costumbre de juzgar a quienes piensan diferente.

Si se aplicará otro método de educación, seguro existiría mayor libertad y productividad en todas las áreas de la sociedad. Porque probablemente descubriríamos nuestra labor y reconoceríamos las habilidades que cada uno tiene para así lograr formar equipos de trabajo eficaces y eficientes.

Es por todo lo anterior que quiero citar un ejemplo de un colegio que ha implementado una manera diferente de educar a los niños. El colegio FACE (Fundación para la Actualización de la Educación), fundado en Chía en 1983 y que actualmente tiene su sede en el pueblo de Tenjo tiene esta ideología: “Una educación en el amor para el desarrollo personal en el ser humano”. Es una propuesta alternativa como respuesta a la necesidad que tiene el ser humano en su búsqueda de la verdad, la libertad y el respeto, que implica un proceso de autoconocimiento y autogestión, según lo exponen en su portal web: http://www.face.edu.co

Este tipo de educación fortalecería el pensar en uno mismo y en el otro. En descubrir mi potencial y mis capacidades. En vivir un proceso personal a un ritmo propio. Es así como se podría empezar a creer que la historia de la educación en Colombia está cambiando. Podemos pensar que ya existen grupos de personas empeñados en brindar otras formas de educarse. No enfocados en tratarnos como productos iguales, sino como seres que pensamos y, especialmente, sentimos diferente.

Ahora es indispensable ayudar a los jóvenes a aceptar y vivir la diferencia. Enseñarles que el no ser iguales nos enriquece, es un bien común. Es necesario que se reevalúe el actual sistema de educación colombiano, que cada año deja millones de bachilleres sin rumbo, perdidos en la duda y en la incertidumbre sobre lo que pueden hacer con sus vidas. También se debe proporcionar a los jóvenes información suficiente sobre opciones y actividades que se pueden realizar antes de matricularse a la universidad, si aún no están seguros de hacerlo. Asesorarlos en cómo conseguir becas, realizar viajes, cursos u otras formaciones alternas que puedan enriquecer su conocimiento y darles ideas sobre su futuro.

Aún quedan muchas dudas por resolver y muchos temas por estudiar para comprender la complejidad de esta situación en Colombia de la que hoy evidenciamos nefastas consecuencias. Pues aunque aparentemente se queda durante la etapa escolar luego se evidencia en los demás espacios de nuestra propia realidad a medida que nos acercamos a la adultez. De todas maneras, espero haber dejado en ustedes las ganas de cuestionarse y pensar si realmente estamos recibiendo en los colegios lo que necesitamos.

La inseguridad en las personas a causa de haber tenido padres sobreprotectores

Junio/2013

Luego de largas conversaciones con amigos, leer artículos, ver diferentes programas de orientación en la crianza y mi propia experiencia, he llegado a la conclusión de que la sobreprotección es una sensación generada por un miedo en quién la ejerce. Puede ser hereditaria (por la forma en cómo fuimos criados) o causada por el entorno que nos rodea (drogas, violencia, peligros de la calle, entre otros…).

Nadie nos enseña a ser padres y además no existe una sola manera de hacerlo. Entonces ¿cuál manual o guía podemos seguir? Pues nuestros propios padres y la experiencia que hayamos vivido con ellos, por eso existe una alta probabilidad de repetir los mismos errores.

Un padre sobreprotector es aquél que, como la misma palabra lo dice, protege a su hijo más allá de lo necesario. Lo ve indefenso y no concibe la posibilidad de que algún día su ‘cría vuele del nido’. Entonces, hace todo lo posible por retenerlo, ya sea consintiéndolo o brindándole una comodidad que difícilmente encuentre en otro lugar.

Estos padres son famosos por frases como: “No sabes hacerlo, estás muy pequeño todavía, déjame ayudarte”; “no salgas, es peligroso, quédate en casa”; “no puedes ir solo, mejor yo te acompaño”; “¡no cojas eso, lo vas a romper!”.

Estas frases, entre otras, aunque pueden tener un tono muy coloquial, al decírselas a un niño o un joven pueden quedar marcadas profundamente en su vida. Pues son frases que transmiten y reflejan los miedos de los padres y aunque cueste admitirlo, la desconfianza que tienen en sus hijos. Una cosa es lo que se dice y otra, la verdadera intención oculta detrás de eso que se dice.

La inseguridad trae diversas consecuencias como la dependencia emocional, que se evidencia al momento de establecer vínculos con otras personas. Nos han transmitido que al estar solos somos indefensos, que lo ideal es tener a alguien que nos proteja y así podremos enfrentar el mundo. Entonces, cuando creamos un vínculo emocional con alguien ya sea amigo o compañero de vida, lo hacemos no por atracción o afecto, sino buscando protección, refugio, compañía y tranquilidad. Pero cuando esa relación termina, pareciera que todo pierde el sentido, que no seremos capaces de enfrentar la soledad y por esto se puede llegar a estados de incertidumbre y depresión profunda.

La inseguridad, como consecuencia de la sobreprotección, nos conduce también a evadir responsabilidades, porque perdemos confianza en nuestra autonomía y poder de decisión, nos sentimos incapaces de asumir nuevos retos.

“Crecer es un proceso maravilloso y doloroso al mismo tiempo. Implica, entre muchas otras cosas, desarrollar un criterio propio, dejar de depender de los padres (no sólo económicamente sino también emocionalmente), empezar a tomar decisiones y asumir las consecuencias de las mismas”, así lo afirma la Psicóloga–Psicoterapeuta Estratégica colombiana Ximena Sanz de Santamaría en su artículo ‘Crecí y no me di cuenta’ del portal www.breveterapia.com. La idea de aceptar que crecemos nos aleja del mundo en el que todo era fácil y divertido, y eso nos aterra. No nos dieron la responsabilidad cuando debían y nosotros podíamos; ahora que nosotros debemos, no podemos porque no sabemos cómo hacerlo.

A los padres sobreprotectores e incluso a los que sienten que están preparándose para serlo, me resta decirles que aunque no exista una única regla para criar a los hijos, al menos se pregunten de qué forma los harán seres libres, independientes y seguros. Y si esto no es suficiente, que se instruyan, busquen asesoría, tenemos a la mano información que nos brindan artículos, libros y blogs en internet de profesionales y expertos en el tema.