¿Podemos las mujeres invitar a salir a un hombre?

Diciembre / 2015

El tema de esta nota surgió a raíz de ciertas preferencias e inquietudes personales sobre las que me parece necesario indagar, para que las mujeres seamos más arriesgadas y dominemos nuestro poder de decisión. Me gusta imaginarme un mundo en el que la igualdad (por la que tanto luchamos) también se defina a partir de cada pequeña decisión y cada iniciativa que tomamos en nuestra vida.

Si hablamos de esa igualdad que imagino, supondría que tanto hombres como mujeres, en el tema de la conquista, el cortejo o como quieran llamarlo, podrían actuar y comportarse libremente y tomar las iniciativas que deseen. Sin embargo, no es así como funciona todavía, sinceramente. Aún escucho a muchos amigos y hombres alarmados cuando una mujer decide invitarlos a salir y llevar las riendas de una primera cita, por ejemplo. Es verdad, se alarman, en nuestra sociedad no estamos acostumbrados a ese tipo de iniciativas femeninas, al menos, en la mayoría de los casos, aún son los hombres los que tienen el “permiso” para invitar a salir e iniciar la labor de conquistar a la mujer que deseen.

Las mujeres aún no tenemos un terreno de juego asegurado sobre el tema de conquista, pues debemos esperar con modestia a que el hombre tome la iniciativa de llamarnos o escribirnos por Whatsapp. Si, son ellos los que deben iniciar la tarea, porque nosotras tememos a sentirnos juzgadas o rechazadas al hacerlo, me ha pasado. Entonces, al parecer lo adecuado es esperar, controlar nuestros impulsos, o en el peor de los casos, frenar nuestros deseos, para no vernos como mujeres precipitadas (que es lo tememos que la sociedad señale), ni intimidar a los hombres.

Realmente me parece muy aburrido que aún en estos tiempos, no nos permitamos a nosotras mismas fluir en la conquista de un hombre. ¿Por qué no podemos iniciar la conversación? ¿Por qué no podemos invitarlos a salir? ¿Por qué no podemos pagar la cuenta del cine? Esto no nos hace más débiles ni más fuertes, simplemente, nos permite fluir con la vida, con el universo y con nuestros propios instintos e impulsos.

Para aquellas mujeres que les interese este camino o, como en mi caso y el de varias amigas mías, sientan en su interior ese instinto de caza tan excitante y emocionante, pues nada mejor que desarrollarlo, incrementarlo y estimularlo. Arriesgarse, simplemente eso, no dejar de ser lo que somos, permitirnos jugar y divertirnos sin miedo, lo merecemos. Si un hombre huye o se siente intimidado por una mujer que lo invita a salir, que toma las riendas y es directa con sus intereses, quizá es un hombre anticuado que no promete ni arriesga mucho, entonces es un hombre poco atractivo.

Es que también este es un juego de atracción. Que nosotras logremos atraer a aquellos hombres con los que podamos ser simplemente libres, expresarnos sin miedo, actuar y hacer las cosas como más nos gusta, sin dejar de lado, claramente, el equilibrio que debe existir en cualquier relación humana en la que haya más de una persona involucrada. Es decir, que vayamos en busca de nuestros intereses, pero también le permitamos al otro lograr los suyos. Conquistar, cortejar con cautela, con seducción, paulatinamente, pues esto lo hace más misterioso y sexy.

¿Quién ha dicho que las mujeres no podemos invitar a salir a un hombre, iniciar la conquista y pagar la cuenta? Nadie lo ha dicho, no es una ley ni una norma. ¡Claro que podemos hacerlo! ¡Tenemos toda la libertad de hacerlo y de probarlo una y otra vez! Al igual que ellos, todos por igual.

Si esto genera o ha generado alguna vez conflicto o incomodidad en las relaciones humanas es porque es una idea social que nosotros mismos hemos creado. Entonces, es el momento para erradicarla y no verlo como una conducta equivocada, pues no hace daño ni hiere a nadie.

Es esta nota también una invitación a crear abiertamente una discusión sobre el tema y para que cada uno de nosotros (hombres y mujeres) replanteemos nuestra manera de pensar, opinar y juzgar a una mujer que elije actuar así, tomando riesgos, pues si queremos sentirnos libres, hay que permitirle a los demás serlo también.

Respecto a las mujeres que invitan a salir algunos entrevistados opinan:

Si la conozco hace poco días, pensaré que, de pronto, quiere empezar a salir conmigo, conocerme. Y cuando uno lleva rato conociendo a esa persona, y me invita, pienso en que querrá desahogarse de algo, hablar con alguien o simplemente un encuentro para desatrasar cuaderno…me parece bacano que ella tome la iniciativa, que haga ese tipo de cosas”, (Wilmer, 29 años).

“Que me inviten es común, que paguen no. Pero si me he cruzado mucho con mujeres que pagan lo suyo, mas no todo, creo que eso habla muy bien de una chica…Me situó en el caso de que es una persona agradable, creo que es empoderamiento de esa chica, si paga la cuenta creo que es una persona que tiene algún interés muy profundo, algo más allá de una simple cita. Sería de asombro e interesante saber hasta dónde puede llegar, porque es un precedente de que no está buscándote por algún interés material, solo quiere la compañía, te demuestra que es independiente y autónoma y que de la misma manera como te invito a salir te puede mandar a la m****a”, (Andrew, 27 años)

“Es raro verlo, pero pienso que quiere pasar un buen rato, sea cual sea el plan; divertirse y relajarse…Creo que es una mujer que tiene una mente abierta y libre de tabús, podría decirse, porque no está esperando que un hombre la invite a algo, ella toma la iniciativa; diría que es una mujer decidida, libre y segura”. Y respecto a que la chica pague la salida opina: “Prefiero dividir la cuenta en mitades, pero si la chica insiste no hay lío, pero la próxima invito yo J. Siempre procuro pagar, porque me da pena que alguien se gaste dinero en mí. Y siempre me gusta tener el detalle de pagar y atender, ‘déjese atender’, como dirían las tías”, (Andrés, 26 años).

Bueno, después de todo, las conclusiones se las dejo a ustedes (los lectores), pues aquí no se puede concluir ya que, sin duda, nos encontramos con ideas y opiniones diversas. Y creo que puedo dejar totalmente abierta la pregunta con la que inicié este post, para que ustedes mismos la respondan. Y a las chicas, sobre todo, ahora les pregunto: ¿Se arriesgan a invitar a salir a un hombre? 

La educación que nos limita debe terminar

Marzo/2013

Nos acostumbramos a recibir y aceptar todo lo que nos dan, literalmente todo, hasta la educación. Se olvidaron de enseñarnos a tener criterio, a refutar y exigir cuando no estamos de acuerdo con lo que nos quieren infundir en los colegios. Colombia es un país en el que el sistema educativo está estructurado de tal forma que aprendamos a callar, a tragarnos las palabras, el dolor, la inconformidad y hasta la opinión.

Al hablar sobre estos temas recuerdo al fallecido abogado, periodista y humorista Jaime Garzón, quien fue uno de los principales voceros en la lucha por crear conciencia crítica entre los jóvenes frente a la situación social y política del país. Reconocido como uno de los intelectuales polémicos de la época.

Pero como nos han enseñado a callar y hemos sido ‘muy inteligentes’, tanto así, que callamos también a quienes con su ingenio y sabiduría hubieran podido ser piezas claves en muchos procesos de cambio. En consecuencia de esto, Garzón fue injustamente asesinado a sus 38 años el 13 de agosto de 1999 a manos de unos sicarios en una calle de Bogotá sin embargo, en su corta carrera su influencia fue muy fuerte en varios ámbitos de nuestra sociedad, entre ellos el de la educación, poniendo al descubierto conflictos e intereses políticos y dejando en nosotros el deseo y la necesidad de preguntarnos y exigir.

Respecto a la educación, decía Garzón: “Lo que nos enseñan a los colombianos no tiene nada que ver con las necesidades que tenemos los colombianos”; “en Colombia hay mucho talento, pero la educación nos ha llevado a que el talento sea desperdiciado. Se tuerce”; “uno es para siempre responsable de lo que domestica. Pero más aún es el propio responsable de dejarse domesticar”.

Somos nosotros mismos responsables de lo que vivimos y tenemos. Garzón nos invita a preguntarnos ¿qué estamos haciendo para cambiar esta historia? A mi parecer, hay tiempo todavía para empezar a cambiarla y se están creando nuevas posibilidades que contribuyen a transformar algunos de estos procesos. Hoy a muchos nos pesa esta realidad, pues a causa de la educación que recibimos en nuestros colegios, hemos invertido tiempo en actividades y asuntos que no nos satisfacen totalmente.

Por esto, creo que para crecer sintiéndonos personas productivas para el país es preciso que nos enfoquemos en descubrir cuáles son nuestras mayores habilidades y trabajar por potencializarlas. Y los colegios son, según el esquema convencional, el espacio en el que crecemos y pasamos la mayor parte de nuestra niñez y adolescencia; ambas etapas fundamentales en la formación de todo ser humano.

Sin embargo, siendo niños nos dicen que hacer lo que ordenan nuestros padres, familiares y profesores es lo ‘correcto’ y puede que en muchos aspectos lo sea pero, ¿hasta qué punto lo ‘correcto’ es lo que nos permite realizarnos plenamente como personas? ¿Hasta dónde nos alcanza lo ‘correcto’ para llegar a hacer lo que queremos? ¿Cómo hacer lo ‘correcto’ y que además eso nos brinde goce y placer? ¿Qué es lo ‘correcto’?

Quiero contarles una anécdota de un primo de una amiga cercana que ilustra claramente lo que quiero decir. El chico estudiaba en un colegio católico (sin intención de hablar de religión) y en una de sus asignaturas estaban hablando sobre el aborto. Luego de varias sesiones los maestros decidieron evaluarlos, les preguntaban si estaban o no de acuerdo con el aborto y el entusiasta chico dijo “sí” y por esta respuesta perdió la evaluación. ¿Existe alguna forma más desatinada de inhibir el pensamiento y las ideas de las personas? Según esta historia puedo asumir que en Colombia nos educan a pensar igual. Por esto, en  la mayoría de los colegios nos uniforman, nos dictan las materias básicas a todos, nos dan normas de conducta y disciplina. En definitiva, ser distinto parece un delito. Han creado en nosotros la costumbre de juzgar a quienes piensan diferente.

Si se aplicará otro método de educación, seguro existiría mayor libertad y productividad en todas las áreas de la sociedad. Porque probablemente descubriríamos nuestra labor y reconoceríamos las habilidades que cada uno tiene para así lograr formar equipos de trabajo eficaces y eficientes.

Es por todo lo anterior que quiero citar un ejemplo de un colegio que ha implementado una manera diferente de educar a los niños. El colegio FACE (Fundación para la Actualización de la Educación), fundado en Chía en 1983 y que actualmente tiene su sede en el pueblo de Tenjo tiene esta ideología: “Una educación en el amor para el desarrollo personal en el ser humano”. Es una propuesta alternativa como respuesta a la necesidad que tiene el ser humano en su búsqueda de la verdad, la libertad y el respeto, que implica un proceso de autoconocimiento y autogestión, según lo exponen en su portal web: http://www.face.edu.co

Este tipo de educación fortalecería el pensar en uno mismo y en el otro. En descubrir mi potencial y mis capacidades. En vivir un proceso personal a un ritmo propio. Es así como se podría empezar a creer que la historia de la educación en Colombia está cambiando. Podemos pensar que ya existen grupos de personas empeñados en brindar otras formas de educarse. No enfocados en tratarnos como productos iguales, sino como seres que pensamos y, especialmente, sentimos diferente.

Ahora es indispensable ayudar a los jóvenes a aceptar y vivir la diferencia. Enseñarles que el no ser iguales nos enriquece, es un bien común. Es necesario que se reevalúe el actual sistema de educación colombiano, que cada año deja millones de bachilleres sin rumbo, perdidos en la duda y en la incertidumbre sobre lo que pueden hacer con sus vidas. También se debe proporcionar a los jóvenes información suficiente sobre opciones y actividades que se pueden realizar antes de matricularse a la universidad, si aún no están seguros de hacerlo. Asesorarlos en cómo conseguir becas, realizar viajes, cursos u otras formaciones alternas que puedan enriquecer su conocimiento y darles ideas sobre su futuro.

Aún quedan muchas dudas por resolver y muchos temas por estudiar para comprender la complejidad de esta situación en Colombia de la que hoy evidenciamos nefastas consecuencias. Pues aunque aparentemente se queda durante la etapa escolar luego se evidencia en los demás espacios de nuestra propia realidad a medida que nos acercamos a la adultez. De todas maneras, espero haber dejado en ustedes las ganas de cuestionarse y pensar si realmente estamos recibiendo en los colegios lo que necesitamos.

La inseguridad en las personas a causa de haber tenido padres sobreprotectores

Junio/2013

Luego de largas conversaciones con amigos, leer artículos, ver diferentes programas de orientación en la crianza y mi propia experiencia, he llegado a la conclusión de que la sobreprotección es una sensación generada por un miedo en quién la ejerce. Puede ser hereditaria (por la forma en cómo fuimos criados) o causada por el entorno que nos rodea (drogas, violencia, peligros de la calle, entre otros…).

Nadie nos enseña a ser padres y además no existe una sola manera de hacerlo. Entonces ¿cuál manual o guía podemos seguir? Pues nuestros propios padres y la experiencia que hayamos vivido con ellos, por eso existe una alta probabilidad de repetir los mismos errores.

Un padre sobreprotector es aquél que, como la misma palabra lo dice, protege a su hijo más allá de lo necesario. Lo ve indefenso y no concibe la posibilidad de que algún día su ‘cría vuele del nido’. Entonces, hace todo lo posible por retenerlo, ya sea consintiéndolo o brindándole una comodidad que difícilmente encuentre en otro lugar.

Estos padres son famosos por frases como: “No sabes hacerlo, estás muy pequeño todavía, déjame ayudarte”; “no salgas, es peligroso, quédate en casa”; “no puedes ir solo, mejor yo te acompaño”; “¡no cojas eso, lo vas a romper!”.

Estas frases, entre otras, aunque pueden tener un tono muy coloquial, al decírselas a un niño o un joven pueden quedar marcadas profundamente en su vida. Pues son frases que transmiten y reflejan los miedos de los padres y aunque cueste admitirlo, la desconfianza que tienen en sus hijos. Una cosa es lo que se dice y otra, la verdadera intención oculta detrás de eso que se dice.

La inseguridad trae diversas consecuencias como la dependencia emocional, que se evidencia al momento de establecer vínculos con otras personas. Nos han transmitido que al estar solos somos indefensos, que lo ideal es tener a alguien que nos proteja y así podremos enfrentar el mundo. Entonces, cuando creamos un vínculo emocional con alguien ya sea amigo o compañero de vida, lo hacemos no por atracción o afecto, sino buscando protección, refugio, compañía y tranquilidad. Pero cuando esa relación termina, pareciera que todo pierde el sentido, que no seremos capaces de enfrentar la soledad y por esto se puede llegar a estados de incertidumbre y depresión profunda.

La inseguridad, como consecuencia de la sobreprotección, nos conduce también a evadir responsabilidades, porque perdemos confianza en nuestra autonomía y poder de decisión, nos sentimos incapaces de asumir nuevos retos.

“Crecer es un proceso maravilloso y doloroso al mismo tiempo. Implica, entre muchas otras cosas, desarrollar un criterio propio, dejar de depender de los padres (no sólo económicamente sino también emocionalmente), empezar a tomar decisiones y asumir las consecuencias de las mismas”, así lo afirma la Psicóloga–Psicoterapeuta Estratégica colombiana Ximena Sanz de Santamaría en su artículo ‘Crecí y no me di cuenta’ del portal www.breveterapia.com. La idea de aceptar que crecemos nos aleja del mundo en el que todo era fácil y divertido, y eso nos aterra. No nos dieron la responsabilidad cuando debían y nosotros podíamos; ahora que nosotros debemos, no podemos porque no sabemos cómo hacerlo.

A los padres sobreprotectores e incluso a los que sienten que están preparándose para serlo, me resta decirles que aunque no exista una única regla para criar a los hijos, al menos se pregunten de qué forma los harán seres libres, independientes y seguros. Y si esto no es suficiente, que se instruyan, busquen asesoría, tenemos a la mano información que nos brindan artículos, libros y blogs en internet de profesionales y expertos en el tema.